Cadillacs and Dinosaurs
► El mundo que Capcom construyó
Corría 1992 y Capcom ya sabía perfectamente lo que hacía. Después del éxito arrollador de Final Fight, tenía la fórmula perfecta del beat 'em up: pantallas de scroll lateral, enemigos a puñetazos y cooperativo para dos. Pero esta vez decidieron hacer algo diferente. Algo más raro. Algo que nadie esperaba.
Cogieron un cómic underground americano llamado Xenozoic Tales, de Mark Schultz, y lo convirtieron en máquina recreativa. El resultado fue Cadillacs and Dinosaurs: un universo en el que el mundo tal y como lo conocemos ha colapsado, la naturaleza ha recuperado el terreno y los dinosaurios campan a sus anchas por una Tierra del siglo XXVI que huele a gasolina, cuero y peligro.
No era el típico escenario de callejones y macarras. Era otra cosa.
► Cuatro formas de repartir estopa
El juego pone a tu disposición cuatro personajes, cada uno con su propio estilo de pelea:
Jack Tenrec — el protagonista. Mecánico, ecologista y con los puños más equilibrados del grupo. El personaje para el que está diseñado el juego.
Hannah Dundee — diplomática y ágil. Más rápida que Jack pero con menos pegada. La favorita de los jugadores con experiencia que saben aprovechar la velocidad.
Mustapha Cairo — el más fuerte del grupo. Lento como una nevera pero cada golpe suyo vale por dos. Para quien quiere arrasar sin pensar demasiado.
Mess O'Bradovich — grandullón y con aspecto de oso. Potencia bruta pura. El personaje que elegías cuando querías que los enemigos salieran volando por la pantalla.
En cooperativo a cuatro jugadores, el salón recreativo se convertía en un campo de batalla. Cada uno con su personaje, empujándose, robándose las armas y culpándose mutuamente cuando alguien perdía una vida.
► El hardware detrás de la bestia
Cadillacs and Dinosaurs corría sobre la placa CPS-1 de Capcom, la misma que ya había dado vida a Street Fighter II y Final Fight. En 1992, esa placa seguía siendo una barbaridad técnica.
Los sprites eran enormes y detallados. Los dinosaurios —que aparecen como enemigos y como elementos del escenario— tenían un tamaño y una animación que dejaban con la boca abierta. Ver a un T-Rex irrumpir en pantalla por primera vez era un momento de pura incredulidad.
La paleta de colores era exuberante: rojos oxidados, verdes selváticos, el cromo brillante de los Cadillacs de los años 50. Capcom sabía que el impacto visual era la primera moneda que te hacía meter la segunda.
Y la música. Dios, la música. Ese mezcla de rock, jazz y épica orquestal que sonaba a un volumen indecente desde los altavoces de la máquina y que podías escuchar desde la puerta del recreativo.
► Armas, dinosaurios y caos
Lo que diferenciaba a Cadillacs del resto de beat 'em ups de la época era la variedad. No era solo pegar. Era pegar con estilo.
Podías recoger armas del suelo: pistolas, lanzacohetes, cuchillos, palos. Podías usarlas contra los enemigos o, en uno de esos momentos de gloria cooperativa, dársela a tu compañero cuando la necesitaba más que tú.
Pero lo que nadie olvidaba eran los dinosaurios. Porque los dinosaurios no solo eran decorado. Eran una herramienta. Si conseguías atraer a un enemigo hacia uno, el dinosaurio hacía el trabajo por ti. Gratuito. Eficiente. Satisfactorio de una manera que las palabras no terminan de explicar.
Algunos jefes eran directamente dinosaurios. Enormes, lentos y con la capacidad de llenarte la pantalla de muerte en dos segundos si no sabías moverte.
El juego tenía siete niveles, cada uno con su propia ambientación: las ruinas de la ciudad, la jungla, las alcantarillas, el mercado... Un desfile de escenarios que mantenía el ritmo y evitaba que te aburrieras.
► Por qué lo recuerdas aunque no lo recuerdes
Cadillacs and Dinosaurs no fue el juego más vendido de su año. No tuvo la fama instantánea de Street Fighter II ni la presencia cultural de Mortal Kombat. Pero en los recreativos españoles de principios de los 90, estaba. Ocupaba ese rincón privilegiado donde las máquinas buenas siempre acababan.
Si tenías entre 8 y 15 años en 1992 y pisaste un salón recreativo, hay muchas posibilidades de que te hayas quedado mirando esa pantalla sin meter ficha, viendo a otros jugar, calculando si te llegaba para una partida.
El juego tuvo una serie de animación americana en 1993 —Cadillacs and Dinosaurs: The Animated Series— que ayudó a mantener vivo el universo un poco más. Pero nunca hubo una segunda parte arcade. La CPS-1 fue dando paso a la CPS-2, los gustos cambiaron, y Capcom siguió adelante.
Lo que quedó fue el recuerdo de esas tardes. El rugido del T-Rex. El sonido de un Cadillac arrancando. Y la sensación de que el mundo del siglo XXVI, aunque horrible, tenía algo de fascinante.
► Veredicto
Cadillacs and Dinosaurs es un beat 'em up de Capcom en estado puro: sólido, espectacular para su época y con una ambientación que no ha envejecido mal. No reinventa el género —Final Fight ya había puesto el listón dos años antes— pero lo ejecuta con una personalidad visual y sonora que pocos juegos de la época podían igualar.
Si buscas pureza arcade de los 90, aquí la tienes. Y si nunca lo has jugado, MAME está a un par de clics.
Lo mejor: La ambientación única, los dinosaurios como elemento de juego, el cooperativo a cuatro, la música.
Lo peor: Puede resultar repetitivo en solitario. Los jefes finales son esponjas de daño que alargan artificialmente la duración.
Imprescindible si: Disfrutaste de Final Fight, Knights of the Round o cualquier beat 'em up de Capcom de esa era.