The Flinstones
► Yabba-Dabba-Doo en forma de bola de acero
1994 fue un año extraño para el cine. Hollywood decidió que las series de animación clásicas de Hanna-Barbera merecían versiones de acción real con presupuestos enormes, y la primera en saltar a la pantalla grande fue Los Picapiedra. John Goodman como Fred Flintstone, Rick Moranis como Barney Rubble, y un Bedrock que costó más de 46 millones de dólares construir.
Williams vio la oportunidad y encargó a Steve Ritchie — uno de los diseñadores de mesas más respetados de la historia — que convirtiera esa película en pinball. El resultado llegó ese mismo año: una mesa que capturaba el espíritu prehistórico-moderno de los Picapiedra con una fidelidad sorprendente y un juego más profundo de lo que la licencia hacía prever.
No era la primera vez que Williams apostaba por licencias de cine para sus mesas. Pero The Flintstones tenía algo que muchas otras no tenían: personalidad propia dentro del tablero.
► La mesa — lo que ves antes de lanzar
Lo primero que llama la atención de The Flintstones es el color. La mesa es una explosión de naranja, amarillo y marrón — la paleta característica de Bedrock — que contrasta perfectamente con los plastics translúcidos y las ilustraciones del backglass. Fred y Barney te miran desde arriba con esa expresión de satisfacción que solo tienen los personajes de dibujos animados de los años 60.
El layout de la mesa incluye:
La rampa del Bedrock Express — la rampa principal de la mesa, que simula el tren prehistórico de la serie. Completarla repetidamente activa los modos principales del juego.
El hoyo del Dino — el kicker central que dispara la bola hacia los targets superiores. Cuando Dino ladra desde el altavoz al mismo tiempo, el efecto es perfecto.
Los bumpers del Quarry — situados en la zona superior, representan la cantera donde Fred trabaja. Activos y ruidosos, como debe ser.
Los targets de los personajes — completar los grupos de targets activa voces y modos relacionados con Fred, Barney, Wilma y Betty.
► El sonido — la mitad del juego
Williams en 1994 ya dominaba el audio en pinball como nadie. The Flintstones tiene voces digitalizadas de los actores de la película — o al menos de los dobladores — que suenan en respuesta a casi todo lo que pasa en la mesa. Fred grita "¡Yabba-Dabba-Doo!" cuando completas una rampa. Barney comenta tus fallos con ese tono entre inocente y condescendiente que le caracteriza. Dino ladra cuando la bola pasa por su zona.
La música sigue los temas instrumentales de la película, con ese estilo orquestal de grandes estudios que Hollywood usaba en los 90. No es la música de la serie original — esa quedaría para siempre en la memoria colectiva — pero cumple su función de mantener la energía del juego.
En un salón recreativo de 1994, escuchar "¡Yabba-Dabba-Doo!" saliendo de un pinball desde el otro lado del local era suficiente para acercarse a ver de qué se trataba.
► Modos de juego
The Flintstones sigue la estructura WPC de Williams: modos activados por secuencias de targets y rampas, con un modo multibola como clímax central.
Bedrock Express Multiball — el modo más esperado. Completar la rampa varias veces activa el multiball con tres bolas simultáneas. La mesa se vuelve caótica de la mejor manera posible.
Bowling for Dinos — modo especial activado desde el hoyo central. La puntuación multiplica con cada hit consecutivo. Fácil de entrar, difícil de aprovechar bien.
Modo Película — una secuencia de objetivos que recorre las escenas principales de la película. Completarlo desbloquea el Wizard Mode.
Yabba-Dabba-Doo Jackpot — el jackpot máximo del multiball. Conseguirlo requiere completar la rampa con dos bolas activas al mismo tiempo. Cuando ocurre, Fred lo celebra como si le hubiera tocado la lotería.
La profundidad de reglas no es la más compleja que Williams produjo en esa época — eso lo dejaron para títulos como The Twilight Zone o Medieval Madness — pero está muy bien equilibrada para ser accesible sin resultar aburrida para los jugadores veteranos.
► Steve Ritchie — el hombre detrás de la mesa
Steve Ritchie no es solo un diseñador de pinball. Es una leyenda. Responsable de mesas como Black Knight, Terminator 2, Star Trek: The Next Generation y AC/DC, Ritchie tiene una firma inconfundible: mesas rápidas, fluidas, con rampas largas que premian el control y layouts que invitan a la repetición.
The Flintstones no es su mesa más ambiciosa, pero sí una de las más divertidas. Ritchie entendió que una licencia familiar como los Picapiedra pedía accesibilidad antes que complejidad, y diseñó una mesa que engancha desde la primera bola sin abrumar con reglas.
El resultado es un pinball que se disfruta igual con ocho años que con cuarenta. No muchas mesas pueden decir lo mismo.
► Veredicto
The Flintstones es un pinball sólido, divertido y con una personalidad visual y sonora muy bien construida. No está en el Olimpo de Williams — ese lugar lo ocupan The Twilight Zone, Medieval Madness o Addams Family — pero es una mesa que merece más respeto del que suele recibir.
Para los coleccionistas es una opción interesante: no tiene el precio desorbitado de los grandes clásicos, el sistema WPC es robusto y los repuestos son fáciles de conseguir. Para quien quiera iniciarse en el coleccionismo de pinball sin hipotecarse, The Flintstones es una puerta de entrada muy digna.
Lo mejor: Fluidez de juego, voces y sonido excepcionales para 1994, multibola satisfactorio, diseño visual muy fiel a la licencia.
Lo peor: Reglas algo simples comparado con otros Williams de la época, el modo película se agota rápido.
Imprescindible si: Eres fan de los Picapiedra, quieres iniciarte en el coleccionismo o simplemente buscas una mesa Williams fiable y divertida.