★ BIENVENIDO A MY ARCADE ZONE — EL SALÓN RECREATIVO EN ESPAÑOL ★ RESEÑAS · FICHAS DE PERSONAJES · HARDWARE · EMULACIÓN MAME · BANDAS SONORAS · MAQUINITAS CHINAS ★ BIENVENIDO A MY ARCADE ZONE       
Los mejores pinballs fabricados en España: una industria que el mundo no conoce
← VOLVER AL BLOG
★ HISTORIA
Los mejores pinballs fabricados en España: una industria que el mundo no conoce
05/05/2026

Cuando hablas de pinball, todo el mundo piensa en Williams. En Bally. En Stern. En las grandes fábricas de Chicago que dominaron el mercado mundial durante décadas. Lo que muy poca gente sabe —y aquí está la gracia del asunto— es que España tuvo su propia industria pinballera. Una industria real, con fabricantes serios, máquinas exportadas a toda Europa y un catálogo que merece mucho más reconocimiento del que tiene.

Entre los años 70 y los 90, un puñado de empresas españolas —la mayoría catalanas— fabricaron cientos de modelos que llegaron a bares, salones recreativos y locales de toda la península y más allá. No eran copias baratas de los americanos. Eran diseños propios, con su propio hardware, su propia electrónica y, en algunos casos, una personalidad muy particular.

Este es el repaso que nadie ha hecho todavía en español.


EL PETACO — JUEGOS POPULARES · Madrid, años 80

Empezamos por el que todos conocéis aunque no sepáis su nombre. El Petaco. Si creciste en España en los años 80 y frecuentaste algún bar, cafetería o salón de juegos, lo has visto. Era ese pinball compacto, más pequeño que los americanos, con una mecánica simplificada y un precio de crédito ajustado para el bolsillo de cualquier parroquiano.

Juegos Populares, empresa madrileña, entendió perfectamente el mercado español: no necesitabas una máquina enorme y cara para poner en el bar del barrio. Necesitabas algo asequible, robusto y que metiera monedas. El Petaco lo hizo durante años y se convirtió en un icono de la hostelería española que todavía hoy genera una nostalgia irracional en cualquiera que lo mencione.

No era el pinball más sofisticado del mundo. Pero era el nuestro. Y eso vale más que cualquier licencia americana.

PEYPER — Barcelona · 1981–1993

Si hay una empresa española que merece estar en cualquier conversación seria sobre pinball europeo, esa es Peyper. Fundada en Barcelona, llegó a ser uno de los fabricantes más activos del continente durante los años 80. Sus máquinas tenían un acabado serio, electrónica propia y una estética que mezclaba la energía del arcade con las temáticas de moda de la época.

Odin (1985) es probablemente su obra más reconocida entre los coleccionistas actuales. Temática de mitología nórdica, campo de juego bien diseñado, electrónica sólida. Si buscas una máquina española para coleccionar, el Odin siempre aparece en las listas cortas.

Ator (1984), inspirada en el personaje de película de serie B del mismo nombre, es un ejemplo perfecto de lo que hacía Peyper bien: coger una licencia de segunda fila y montarle encima una máquina entretenida y funcional.

Wolf Man (1987) llegó en plena fiebre del terror ochentero y aprovechó la ola. Estética oscura, buena jugabilidad, y una de las últimas grandes apuestas de la empresa antes de que el mercado empezara a complicarse.

Roller Aces (1987) y Nightflight (1989) completaron su catálogo final. Peyper cerró a principios de los 90 cuando el mercado del pinball entró en crisis general, pero dejó un legado que los coleccionistas europeos todavía rastrean con devoción.


PLAYMATIC — Barcelona · 1970–1985

Playmatic es probablemente el fabricante español más prolífico de todos. Empezaron en los años 70 con máquinas electromecánicas y evolucionaron hacia los sistemas de estado sólido cuando la industria lo exigió. En su momento de máxima producción llegaron a fabricar decenas de modelos distintos.

Evil Fight (1980) es su máquina más recordada. Temática de artes marciales —absolutamente de época—, electrónica propia y una jugabilidad directa que funcionaba muy bien en el entorno de bar. Es de esas máquinas que, cuando la ves restaurada en una foto, te genera un reconocimiento inmediato aunque nunca supieras su nombre.

Meg-Aaton (1984) fue una de sus últimas apuestas fuertes, con temática de ciencia ficción y un diseño más ambicioso que reflejaba los años de experiencia acumulados. Para entonces Playmatic ya competía directamente con los americanos en calidad de acabado.

Quick Silver (1983) y Blackball (1984) son otros títulos que aparecen constantemente en los inventarios de coleccionistas. Playmatic tuvo un final abrupto a mediados de los 80 —combinación de crisis del sector, competencia americana y problemas internos— pero durante quince años fue la empresa más seria que tuvo España en este mercado.


INDER — Bilbao · años 80

Inder es el caso menos conocido de los tres grandes, pero no por eso menos interesante. Empresa vasca que fabricó pinballs durante los años 80 con una línea estética propia y resultados notables.

Brave Team (1985) es su título estrella: temática militar, campo de juego dinámico y una construcción robusta que ha hecho que muchos ejemplares hayan sobrevivido hasta hoy en buen estado. Entre los coleccionistas españoles es una de las máquinas más buscadas precisamente porque está bien hecha y representa algo propio.

Corsario (1986) siguió la estela con temática de piratas, aprovechando que en ese año todo el mundo quería sacar algo con espadas y barcos. Correcta en todos sus aspectos, sin llegar a ser revolucionaria.

Lo que distinguía a Inder era la robustez. Máquinas pensadas para aguantar, construidas con criterio industrial. Quizás por eso todavía aparecen ejemplares en buen estado con más frecuencia que los de otros fabricantes.


POR QUÉ IMPORTA ESTO

España nunca debería haber tenido industria pinballera. Éramos un mercado periférico, con menos poder adquisitivo que los grandes países europeos, sin tradición en fabricación de electrónica de entretenimiento y dependientes de lo que llegaba de fuera.

Y aun así, durante veinte años, un grupo de empresas catalanas y vascas fabricó máquinas que se vendieron en Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido. Máquinas con diseño español, electrónica española, que competían —no siempre en igualdad de condiciones, pero competían— con los grandes americanos.

Es una historia que casi nadie cuenta. Y es una lástima, porque cuando la conoces, te cambia un poco la perspectiva sobre lo que fue capaz de hacer la industria de este país cuando nadie la miraba.

La próxima vez que veas un pinball antiguo en un bar de pueblo, antes de pasar de largo, mira la placa del fabricante. Igual te llevas una sorpresa.